Riot Games volvió a colocarse en el centro de la conversación dentro de la comunidad de videojuegos competitivos tras una polémica actualización de Vanguard, su sistema antitrampas utilizado en Valorant y League of Legends. La nueva medida está dirigida contra dispositivos DMA (Direct Memory Access), una tecnología de hardware utilizada por algunos tramposos para acceder a la memoria del juego desde equipos externos y evitar los métodos tradicionales de detección.
Según diversos reportes técnicos, Vanguard ahora es capaz de bloquear una gran parte de los firmwares DMA que se camuflan como dispositivos SATA o NVMe. Una vez detectados, estos equipos dejan de funcionar correctamente para su propósito original, obligando a los usuarios afectados a realizar procedimientos avanzados de recuperación e incluso reinstalar Windows en algunos casos. Riot respondió a la controversia con un mensaje en redes sociales donde calificó estos dispositivos, cuyo valor ronda los 103,000 pesos mexicanos, como simples “pisapapeles”.
La actualización ha generado opiniones divididas. Mientras muchos jugadores celebran que Riot esté atacando uno de los métodos de trampa más sofisticados del mercado, otros cuestionan el enorme nivel de acceso que posee Vanguard dentro del sistema operativo. El software funciona a nivel de kernel y es obligatorio para ejecutar los títulos competitivos de la compañía, una característica que ha provocado debates sobre privacidad y control desde su lanzamiento.
No obstante, especialistas y miembros de la comunidad técnica señalan que los reportes que afirman que Vanguard está “destruyendo computadoras” son exagerados. La mayoría de los análisis coinciden en que la medida afecta principalmente a los dispositivos DMA utilizados para hacer trampas y no al hardware convencional de los jugadores legítimos. Con este movimiento, Riot Games deja claro que continuará elevando el costo y la complejidad de las trampas en sus ecosistemas competitivos.
