El anuncio de Assassin’s Creed Black Flag Resynced ha encendido la conversación entre la comunidad, pero no precisamente por sus mejoras gráficas o jugables, sino por una decisión que ha generado fuerte rechazo: la obligatoriedad de conexión a Internet incluso en su edición física. Según se ha confirmado, el disco no contendrá el juego completo, obligando a los usuarios a descargar parte del contenido para poder instalarlo.
La información proviene de las propias carátulas del título en consolas, donde se especifica claramente que es necesario estar conectado para la instalación. Esto sugiere que el formato físico funciona más como una “llave” que como una copia completa del juego, una práctica que se ha vuelto cada vez más común en la industria, pero que sigue generando molestia entre coleccionistas y jugadores tradicionales.

El descontento no tardó en escalar en redes sociales y foros, donde muchos usuarios han criticado duramente la decisión de Ubisoft, señalando que este tipo de medidas resta valor al formato físico. Para muchos, comprar un disco que no permite jugar sin conexión contradice la esencia de poseer el juego, alimentando incluso llamados a boicotear el lanzamiento.
A pesar de la polémica, el remake mantiene su fecha de estreno para el 9 de julio de 2026, con lanzamiento en PS5, Xbox Series X|S y PC. Sin embargo, este caso vuelve a abrir el debate sobre el futuro del formato físico en los videojuegos y el creciente uso de sistemas de DRM y descargas obligatorias, una tendencia que parece ir en aumento dentro de la industria.
