Evil Dead es de esas franquicias que no necesitan continuidad estricta para funcionar. Desde que arrancó en los ochenta de la mano de Sam Raimi, la saga ha operado como una especie de antología: las películas no cuentan una sola historia lineal, pero todas comparten el mismo hilo conductor, el Necronomicon Ex-Mortis, el libro de los muertos hecho de piel humana y escrito con sangre, capaz de invocar demonios y poseer a quien lea sus páginas en voz alta.
¿De qué trata Evil Dead Burn?
Ese libro maldito es el corazón de todo el universo Evil Dead. Cada entrega presenta a un grupo distinto de personajes que, por accidente o curiosidad, terminan despertando fuerzas diabólicas (los famosos “deadites“) que los poseen, los deforman y los convierten en algo entre monstruo y payaso macabro. Es terror, pero con un tono muy particular: gore exagerado, efectos prácticos que a propósito se ven artesanales, y humor negro metido entre las escenas más oscuras.
Evil Dead Burn es la más reciente adición a esa mitología, dirigida por Sébastien Vaniček [dilo tres veces rapido], quien llega a la franquicia después de su debut en el género con Infested. La historia sigue a una mujer que, tras la muerte de su esposo, busca refugio con su familia política en su casa de campo, solo para que el Libro de los Muertos convierta la reunión en una pesadilla, transformando a todos, uno por uno, en Deadites.
Lo que dice la crítica
Y la crítica en general le entró bastante bien. Tiene un sólido 79% en Rotten Tomatoes y 58 en Metacritic, con varios medios destacándola como una de las entregas más brutales y visualmente distintas de la franquicia, aunque no falta quien diga que el cierre se siente flojo comparado con lo que viene antes, o que el tono se pone un poco más pesado en el tema emocional de lo que uno esperaría de un Evil Dead. O sea, no es unánime, pero el consenso apunta a que la saga sigue viva y que todavía sabe reinventarse.
Recomendamos quedarte al final para un “teaser”.
