Ocho intentos. Seis de Paul W.S. Anderson con Milla brincando en cámara lenta, un Welcome to Raccoon City que se nos olvidó en lo que salíamos del cine, y ahora sí: Zach Cregger (Barbarian, Weapons) agarró el control y nos entregó la primera película de Resident Evil que se siente como jugar Resident Evil.
Y no, no es porque salga Leon con su fleco perfecto. Es justo al revés. Aquí el protagonista es Bryan (Austin Abrams), un pobre cristiano que solo iba a hacer una entrega y termina teniendo la peor noche de su vida en Raccoon City. Un NPC. El muertito que te encuentras junto a la nota de diario en cada juego (o no), pero ahora con su propia película.
No se toma en serio, y ahí está el truco
Al final del día es un videojuego adaptado. Las películas anteriores quisieron ser épicas, oscuras y con mitología de Umbrella hasta en la sopa, y terminaron siendo pelis de acción genéricas con zombies de relleno y Milla siendo (Milla) hermosa.
Cregger entiende algo que nadie había entendido: Resident Evil siempre fue medio ridículo. Puzzles absurdos, llaves con forma de escudo, diálogos de telenovela. La película abraza todo eso sin pena. Es terror con risa nerviosa, y la neta funciona.
Bryan no tiene frases cool. Mientras Leon soltaría el one-liner más cursi del mundo después de volarle la cabeza a un zombie, este wey apenas balbucea groserías entre dientes. Y ojo, Abrams dice groserías de formas que no sabíamos que existían.
Y aquí está lo que muchos no están entendiendo: no estamos viendo al héroe de la saga, estamos viendo a UN JUGADOR en la saga. Cregger quitó al héroe y metió al que trae el control. El que se asusta en cada esquina, el que gasta las balas en lo que no debe, el que no sabe qué hacer con la llave que acaba de encontrar. Ese no es Leon. Ese somos nosotros, y así nos iría si un día amaneciéramos en Raccoon City.
Un videojuego en la vida real
Esto no es una película “inspirada en”. Es literalmente alguien jugando Resident Evil, nomás que sin control en la mano. Todas las mecánicas están ahí:
- Administración de inventario de la buena, o sea, pésima. Encuentra la escopeta en un cuarto y las balas están en un cajón de escritorio en otro piso. Clásico.
- Un jefe acosador que no te deja en paz, estilo Nemesis o Mr. X.
- Quests mensos: encuentra la llave, abre el candado, pierde contra el candado. Sí, hay una pelea contra un candado y el candado va ganando.
- El nivel de alcantarilla que nadie pidió pero que todo RE tiene.
- Bossfights con monstruos babosos y exagerados, como debe ser.
- La máquina de escribir. Un solo plano y ya nos sentimos más atendidos como fans que en otras adaptaciones enteras
cof cof Mario 1993 cof.
Y el enemigo más cruel de toda la noche no es un zombie. Son unas escaleras brbrbr miedo.
Tomas que parecen cutscenes
Aquí es donde Cregger se luce. No se conforma con meter referencias, usa la cámara para que sientas que traes el control.
Hay momentos en primera persona, con Bryan asomándose con miedo a cada cuarto y cada esquina, que cortan de golpe a sustos ruidosos de puro monstruo. Hay encuadres que se sienten como cámara fija de los juegos clásicos. Y hay una puerta abriéndose lento que es, sin exagerar, una pantalla de carga en la vida real. Sutil pero en tu cara, y la usa para subir la tensión.
No imita el juego, lo traduce. Y eso es mucho más difícil.
Sin estelares ni relleno
Nada de love interest forzado. Nada de héroe con entrenamiento de fuerzas especiales. Nada de cameos para vender boletos. Toda la película descansa en los hombros de este “NPC”, y eso le da un giro completamente nuevo a la franquicia.
En los juegos tú eres el héroe. Aquí no. Aquí eres un average Joe en una situación de perder o perder, y cada decisión sale peor que la anterior. Es la peli más “esto le pasó a un compa del trabajo” de la historia.
Austin Abrams se carga la película solito. Torpe, asustado, grosero y extrañamente entrañable. Dan ganas de adoptarlo. Leon habría terminado todo en diez minutos, pero no sería ni la mitad de divertido.
Los peros
No todo es fiesta en Raccoon City. Cregger no puede dejar de hacer chistes, y a veces el monstruo termina siendo el remate de un sketch en vez de una amenaza. Eso le baja al miedo en algunos momentos.
La premisa también se estira aunque dure apenas 90 minutos, y el tercer acto afloja. Que, si lo piensas, también es muy de Resident Evil.
Y si lo tuyo es el terror serio, las groserías cada tres segundos te van a cansar. Habrá quien diga que es una peli sin historia de un wey tropezando de un set a otro. Tiene su punto, pero para nosotros ese es justamente el chiste.
Veredicto
La mejor adaptación de Resident Evil que se ha hecho, y de paso una de las mejores pelis de videojuegos en general. No porque sea la más fiel en historia, sino porque es la más fiel en sensación.
Vayan a verla antes de que internet los convenza de que es una “adaptación infiel”. Por las balas en el cajón equivocado, por la pantalla de carga hecha puerta y por Bryan, el NPC que merecía su propio juego.
Ocho intentos. Por fin le atinaron.
