Antes de entrarle a la secuela hicimos la tarea y nos echamos otra vez la original de 1998. Y sí, la neta se siente vieja. Pero está bonita, tiene su encanto y la nostalgia pega directo. Con eso fresco nos sentamos a ver Practical Magic 2, ahora dirigida por Susanne Bier, con Sandra Bullock y Nicole Kidman de regreso como las hermanas Owens.
El cierre de una generación
Lo primero que se siente es que esta película es una despedida. No de golpe, pero sí como que las Owens de siempre le están pasando la estafeta a la siguiente generación. Y eso está bien, el problema es que no le dieron foco a todos por igual. Hay personajes que se sienten nomás de relleno, y a Maisie Williams prácticamente la dejaron en la banca. Para ser una peli sobre la hermandad y la familia, a varios los trataron como primos lejanos.
Más poderes, menos magia
Lo que más nos gustaba de la original es que la magia era casual. Era intuición, remedios caseros, la tía que sabe cosas. Aquí ya se fueron a otro nivel: duelos mágicos, rayos y efectos, más estilo superhéroes que brujas de pueblo. Practical Magic Magia de Marvel, pues. Cumple, pero se pierde un poco esa sutileza que hacía especial a la primera.
Y visualmente, uff. Todo se ve muy iluminado, muy plano, con ese look de streaming genérico. Como si alguien hubiera dejado el foco grande prendido toda la grabación. Y ojo, que cuando crees que ya se acabó, todavía le quedan como veinte minutos.
Sandra y Nicole, la verdadera magia
Ahora sí, lo bueno. Da muchísimo gusto ver a Sandra y a Nicole juntas otra vez. Su amistad se nota dentro y fuera de la pantalla, y eso carga la película en los momentos donde el guion se cae. Nicole Kidman sigue sin envejecer, será brujería bueno, sí es brujería. Y Sandra demuestra por qué es estrella: le das un diálogo flojo y te lo convierte en escena.
Mención especial para Lee Pace de brujo guapo, que se roba cada escena donde sale, y para Xolo Maridueña, nuestro Blue Beetle, en plan interés amoroso. Y el soundtrack juega sucio: suena Landslide de Fleetwood Mac y ya valiste, no hay manera de no soltar la lagrimita.
¿Vale la pena?
Hay que entenderla por lo que es: una rom-com o drama romántico ligero. No viene a reinventar nada. Se pasa de poderes, desaprovecha a parte del elenco y se ve más plana de lo que debería. Pero cumple, se disfruta y si creciste con la original, verlas de vuelta vale la pena. Ideal para una tarde de octubre con cobijita y té de la tía.
Más poderes de los necesarios, pero Sandra y Nicole juntas siguen siendo pura magia.
Una secuela nostálgica que cierra una generación y abre otra. Se pasa de efectos y no le da foco a todos, pero como drama romántico ligero cumple y deja buen sabor.
