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Valor Mortis: grandes ideas que tropiezan con su propia dificultad

Hay videojuegos que te obligan a aprender sus reglas a base de golpes, y Valor Mortis es uno de ellos. Su combate exige paciencia, precisión y una buena capacidad para reconocer los movimientos del enemigo. Para quienes estamos poco acostumbrados a los soulslike, las primeras horas pueden convertirse en una prueba de resistencia. Sin embargo, detrás de esa dificultad inicial se encuentra una propuesta interesante que combina acción en primera persona, exploración vertical y una ambientación que difícilmente pasa desapercibida.

Desarrollado por el estudio polaco One More Level, responsable de Ghostrunner, Valor Mortis nos transporta a una versión alternativa de la Europa napoleónica. Su protagonista es William, un soldado que regresa de la muerte y descubre que el continente ha sido consumido por una misteriosa plaga. Su resurrección viene acompañada de habilidades sobrenaturales que deberá aprovechar para sobrevivir a criaturas grotescas y descubrir qué está ocurriendo.

La combinación resulta atractiva desde el principio, aunque conforme profundizamos en sus sistemas también aparecen decisiones de diseño que impiden que la experiencia alcance todo su potencial.

Un combate donde defenderse también puede ser un problema

Una de las características más interesantes de Valor Mortis es su intento por trasladar la exigencia de los soulslike a una perspectiva en primera persona. El combate permite bloquear ataques, esquivar y ejecutar parries para aprovechar las oportunidades que dejan los enemigos. Sobre el papel, son herramientas suficientes para construir enfrentamientos variados, pero su implementación favorece unas estrategias mucho más que otras.

El bloqueo, por ejemplo, consume una cantidad considerable de stamina, lo que puede dejarnos en una situación comprometida incluso después de detener correctamente un ataque. Como resultado, esquivar o dominar el parry termina siendo una alternativa considerablemente más efectiva. Esto no sería necesariamente un problema si las distintas opciones defensivas ofrecieran ventajas claras en determinadas circunstancias, pero aquí el bloqueo puede sentirse más como una penalización que como una herramienta confiable.

Personalmente, al no ser un jugador que acostumbre dedicar demasiado tiempo a este género, el comienzo me resultó especialmente complicado. La escasez inicial de recursos, combinada con la necesidad de aprender los tiempos del combate, provoca que incluso enfrentamientos relativamente sencillos requieran varios intentos.

Eso forma parte del atractivo de los soulslike, pero existe una diferencia entre aprender de nuestros errores y sentir que el propio sistema limita las alternativas disponibles.

La perspectiva también introduce algunas complicaciones. Durante determinados bloqueos, la cámara puede terminar demasiado cerca del terreno o de los elementos del escenario, dificultando la lectura de los movimientos enemigos. En un juego donde reaccionar en el momento preciso puede decidir un enfrentamiento, perder visibilidad representa una desventaja considerable.

Aun con estas limitaciones, el combate ofrece momentos satisfactorios. Reconocer el patrón de una criatura gigantesca, anticipar su siguiente movimiento y encontrar una oportunidad para contraatacar conserva ese atractivo que ha convertido a los soulslike en uno de los géneros favoritos de quienes disfrutan los desafíos exigentes.

Explorar puede ser más divertido que combatir

Si hay un apartado donde Valor Mortis demuestra claramente la experiencia de sus desarrolladores, es en el diseño de niveles.

One More Level ya había demostrado con Ghostrunner su capacidad para construir escenarios que aprovechan la movilidad del personaje, y aquí recupera parte de esa filosofía para una experiencia considerablemente distinta.

Los escenarios no se limitan a colocar enemigos entre un punto de inicio y una meta. La verticalidad tiene un papel importante y obliga a observar el entorno, identificar rutas alternativas y aprovechar las habilidades de desplazamiento para alcanzar nuevas zonas.

El parkour, los ganchos y las distintas posibilidades de navegación aportan una dimensión que resulta especialmente gratificante. Moverse por el escenario deja de ser un simple trámite entre combates y se convierte en una actividad que recompensa la curiosidad.

También existe una relación interesante entre exploración y supervivencia. Encontrar caminos secundarios, descubrir secretos y conseguir recursos adicionales puede marcar diferencias importantes en la progresión del personaje. De esta manera, detenerse a investigar los escenarios tiene consecuencias prácticas y no solamente sirve para prolongar la aventura.

Esta combinación es uno de los mayores aciertos de Valor Mortis. Cuando el juego aprovecha su movilidad y permite recorrer escenarios con diferentes alturas, rutas y posibilidades de exploración, consigue una identidad más reconocible. De hecho, hay momentos en los que desplazarse por su mundo resulta más entretenido que enfrentarse a los enemigos que lo habitan.

Una progresión que amenaza con romper el desafío

Otro de los aspectos interesantes es su sistema de desarrollo de personaje. En lugar de depender exclusivamente de la distribución tradicional de puntos entre diferentes estadísticas, Valor Mortis incorpora un árbol de habilidades y mejoras para las armas que permiten incrementar las capacidades ofensivas y ampliar las opciones disponibles.

La intención es ofrecer una progresión accesible, con beneficios reconocibles conforme avanzamos. El problema aparece cuando esas mejoras comienzan a alterar demasiado el equilibrio de la experiencia.

Durante las primeras horas, la falta de recursos y habilidades puede convertir algunos enfrentamientos en obstáculos importantes. Sin embargo, al alcanzar zonas más avanzadas y acceder a mayores posibilidades de progresión, el desafío puede reducirse de manera considerable.

El análisis complementario de sus sistemas avanzados apunta a un desequilibrio especialmente notable cuando se aprovechan todas las oportunidades de exploración y mejora. Una configuración bien desarrollada puede alcanzar niveles de daño capaces de restar buena parte de la dificultad a los enfrentamientos finales, incluidos algunos jefes que deberían representar los mayores desafíos de la aventura.

Esta observación corresponde al estudio de su progresión avanzada y no a una partida personal completada.

Lo interesante es que el problema no parece estar en la ausencia de herramientas, sino en la forma en que estas afectan el ritmo de la dificultad. El juego comienza exigiendo mucho al jugador y después puede ofrecerle recursos suficientes para superar desafíos que originalmente parecían diseñados alrededor de la precisión y el aprendizaje.

Un buen sistema de progresión debe permitirnos sentir más poderosos, pero sin eliminar aquello que hace interesantes los enfrentamientos. Valor Mortis encuentra buenas ideas para desarrollar al personaje, aunque todavía tiene dificultades para mantener el equilibrio entre recompensa y desafío.

Una propuesta con personalidad que todavía puede mejorar

Más allá de sus mecánicas, uno de los principales atractivos de Valor Mortis es el escenario en el que transcurre su historia.

La combinación de soldados napoleónicos, arquitectura europea del siglo XIX y criaturas deformadas por fuerzas sobrenaturales consigue darle una identidad reconocible. No estamos ante un mundo de fantasía medieval tradicional, sino frente a una reinterpretación oscura de un periodo histórico poco habitual para este tipo de aventuras.

Sus enemigos gigantescos y grotescos encajan con esa ambientación y refuerzan la sensación de enfrentarnos a amenazas que superan ampliamente las capacidades de un soldado ordinario.

Lo que resulta más interesante es cómo el juego intenta aprovechar esta propuesta dentro de un género que suele seguir convenciones bastante reconocibles. Su perspectiva en primera persona, las habilidades de movilidad y el escenario histórico ofrecen suficientes elementos para distinguirlo.

Sin embargo, también dejan la sensación de estar ante un proyecto cuyas mejores ideas todavía necesitan refinamiento. No porque carezca de contenido o de una dirección clara, sino porque determinados sistemas funcionan mucho mejor de manera individual que cuando deben convivir dentro de la misma experiencia.

Es un juego que parece tener bastante claro lo que quiere ser, aunque todavía no consigue resolver todas las dificultades que implica llevar esa visión a la práctica.

¿Vale la pena Valor Mortis?

A pesar de sus problemas, Valor Mortis consigue algo importante: despertar el interés incluso de quienes no acostumbramos jugar soulslike.

Mi experiencia con sus primeras etapas estuvo marcada por una dificultad considerable, especialmente mientras intentaba acostumbrarme al combate y sus exigencias. No obstante, su exploración, la movilidad del personaje y la personalidad de sus escenarios ofrecen razones suficientes para seguir adelante.

también estamos ante un videojuego que, considerando su precio y lo que ofrece, resulta una compra recomendable. No pretende competir únicamente mediante su tamaño o complejidad, sino a través de una combinación de ideas que funciona mejor de lo que sus defectos podrían sugerir.

 

Para quienes disfrutan enfrentarse a enemigos gigantescos, aprender patrones de ataque y dominar los parries, Valor Mortis tiene suficientes argumentos para convertirse en una compra especialmente atractiva.

Y para quienes, como yo, no estamos acostumbrados a este tipo de experiencias, representa una oportunidad interesante para acercarnos al género, aunque conviene saber que sus primeras horas no serán precisamente amables.

Quizá todavía le falte perfeccionar algunas de sus mecánicas, pero lo más importante ya lo tiene: una propuesta con identidad propia y suficientes aciertos como para que sus problemas no terminen definiendo toda la experiencia.

Por supuesto, hay aspectos que merecen ajustes. El consumo de stamina durante los bloqueos, los inconvenientes ocasionales de la cámara y las irregularidades en la progresión son problemas que afectan una parte fundamental de su propuesta.

Una aventura que encuentra su mayor fortaleza más allá del combate

Valor Mortis combina el desafío de los soulslike con una exploración vertical especialmente entretenida y una ambientación sobrenatural de gran personalidad. Sus problemas de equilibrio, las limitaciones defensivas y algunos inconvenientes de cámara afectan la experiencia, pero no impiden que resulte una propuesta atractiva. Una compra recomendable por su relación entre precio y calidad, especialmente para quienes disfrutan dominar combates exigentes.

8
Combate y dificultad:
7.5
Diseño de niveles y exploración:
9
Progresión y equilibrio:
7.5
Propuesta y ambientación:
8

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