La startup de video con inteligencia artificial, Pippa, entró al debate sobre derechos de autor en la IA con una propuesta distinta a la de sus competidores: pagar regalías directas a los artistas por el uso de sus estilos, en lugar de entrenar sus modelos recopilando contenido sin autorización.
Cómo funciona el sistema de compensación
Cada vez que un usuario de Pippa genera una imagen o video cuyo estilo se deriva del trabajo de un artista humano, ese creador recibe una compensación directa. Cuantas más generaciones haga un usuario, mayores son los pagos para el artista, quien además accede a una porción de un fondo de regalías del 5 por ciento, financiado con los ingresos totales de las suscripciones de la plataforma. Un cuento típico generado en la plataforma destina alrededor de 0.33 dólares al artista antes de aplicar el reparto del fondo, y según el modelo financiero actual de Pippa, la participación mensual de un artista destacado en el fondo podría crecer de unos 170 dólares en el primer año hasta 800 dólares o más hacia el tercer año, sumado a las regalías por generación individual.
Un modelo poco común entre las plataformas de IA
Según la propia compañía, actualmente ninguna otra plataforma importante de inteligencia artificial paga una regalía por generación a los artistas de esta manera. La empresa compara su enfoque con el de servicios como Spotify, que paga aproximadamente 0.004 dólares por reproducción, o Adobe Stock, que ofrece entre el 33 y el 35 por ciento por cada licencia, aunque estas plataformas de stock suelen requerir miles de subidas antes de generar ingresos significativos.
Pippa planea incorporar próximamente el modelo Seedance 2.5 de ByteDance a su servicio, capaz de generar hasta 30 segundos de video que pueden ajustarse sin tener que comenzar de nuevo desde cero. El movimiento llega en un momento de creciente tensión legal en la industria, luego de que estudios como Disney y Paramount Skydance enviaran cartas de cese y desista tras la aparición de videos generados con Seedance que replicaban escenas cinematográficas reconocibles, y de que sindicatos de actores calificaran este tipo de tecnología como una amenaza directa para la carrera de los intérpretes.
