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RESEÑA – THE MEAN GREENS: PLASTIC WARFARE

Todos recordamos los pequeños soldaditos de plástico con los que jugabamos de niños, o en su defecto los relacionamos con la película de Toy Story. Se trataban de unos juguetes simples pero muy divertidos, despertaban nuestra imaginación de muchas maneras; podíamos hacer pequeñas historias de guerra en nuestras mentes sin mucho esfuerzo. The Mean Greens: Plastic Warfare es un shooter en tercera persona que intenta dar un aire de modernidad a esta nostalgia, siendo en términos sencillos un juego donde soldados de plástico luchan entre sí por el dominio del cuarto de juegos.

A grandes rasgos, Plastic Warfare es un shooter sencillo, las mecánicas de juego no son nada fuera de lo común, pero esto no es algo necesariamente malo. Es cierto que no tiene esa chispa o factor sorpresa que logre distinguir al título de otras ofertas similares en el mercado, pero tanto su jugabilidad como apartado visual son sólidos, nada espectacular pero tampoco decepcionante. 

Tristemente, si esperabas una guerra de grandes proporciones entre los pequeños soldados donde ambas facciones se disparan las cabezas entre sí, quizá Plastic Warfare decepcione un poco. Siguiendo los pasos de otros shooters similares, Plastic Warfare se enfoca más en modos de juego donde la estrategia se antepone a la acción, tales como la captura de la base enemiga o de banderas, no hay mucho lugar para los tiroteos clásicos.

Ya que estamos entrando un poco en el apartado de quejas, los colores de los soldados no son exactamente las mejores elecciones para los mapas que el juego ofrece. Los soldados de color verde resaltan demasiado mientras que los soldados de color crema se pierden en el fondo, siendo así algo injusto para el pobre jugador que le toque la primer facción. 

Debemos de admitir, sin embargo, que estos contratiempos nos hubieran alejado del juego no hace mucho tiempo, pero ahora, con un panorama tan genérico en el resto de los lanzamientos del 2020, la llegada de este port de Plastic Warfare al Xbox One y PlayStation 4 se siente casi como un regalo. Sabemos que hay personas que llevan ya unos cinco años disfrutando del juego a través de la PC, y no nos sorprendería saber que incluso ellos han encontrado nuevas cualidades encantandoras en el título, pues después de todo, este sigue siendo un shooter con una premisa que encuentra el perfecto balance entre extraño y simpático; tal como un pug que no se la pasa respirando agitado todo el día.

Definitivamente los que busquen un shooter altamente competitivo en la misma vena que algo como Counter Strike, o incluso tu battle royale promedio, estarán un poco decepcionados, pues el ADN de Plastic Warfare es plenamente la de un título casual. 

Con todo y eso, The Mean Greens: Plastic Warfare es un muy buen juego de acción, se queda muy lejos de ser perfecto pero eso está bien, ya que su verdadero encanto no yace en mecánicas innovadoras o un apartado visual de épicas proporciones, sino más bien en darle un giro ingenioso a una idea sumamente simple. No es la mejor oferta del mercado, pero sí una de las más especiales.

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